LA DECEPCIÓN

Uno de los efectos secundarios de ese sentimiento tan humano como es la DECEPCION que nos puede producir la actitud de una persona o una situación, es la pérdida inmediata de confianza y la consecuente reacción innata a echar siete llaves a esa parte de nosotros que se ha sentido dañada, para poder protegernos.
 
Los avatares de la vida nos invitan permanentemente a seleccionar y ello implica tener que tomar decisiones en las que con toda seguridad vamos a perder algo y doloroso, pero aunque cueste verlo en el corto plazo, vamos a ganar otras muchas cosas, entre ellas fortalecer nuestra autoestima y ejercer la asertividad para respetar lo más sagrado que tenemos: Nuestro propio SER.
 
El peligro de encerrarse para no volver a sufrir el daño ocasionado por personas o situaciones es que nos podemos convertir en nuestros propios reos por miedo a sufrir, en una huida engañosa, porque no vamos a superar el conflicto poniendo tierra de por medio o mirando para otro lado como si no hubiese existido, muy al contrario, así se cimentan los traumas y rémoras que acarrearemos el resto de nuestra vida…
 
Una de las herramientas de la inteligencia emocional, la valentía, es clave para afrontar de primer momento ese roto en nuestro corazón, en nuestras expectativas y anhelos. Valentía para, a pesar de esos sentimientos de frustración y todas las emociones negativas asociadas, (tristeza, desilusión, rabia) mantener la actitud de autocomprensión-aceptación por aquello que nos ha suscitado esa persona-situación, detrás de la cual seguro hay algo que trabajar dentro de nosotros mismos, algo que llevamos en nuestra mochila que sobra y de lo que nos cuesta desprendernos, de ahí el sufrimiento.
 
Hemos de recordar que DOLOR no es igual a SUFRIMIENTO; el primero será inevitable y el segundo en gran parte será evitable y dependerá mucho de nuestra propia actitud, de nuestros recursos personales para afrontar, de la creatividad, de la autocompasión, del nivel de motivación intrínseco y de ese componente que de tanto usarlo, casi se ha desvirtuado, llamado; ESPERANZA que conlleva inevitablemente AGRADECIMIENTO Y ACEPTACIÓN...
 
El dolor de las heridas se calma, si éstas son bien tratadas y no volvemos a incidir en ellas...
 
Por último una indicación que lanzo a todo doliente que esté pasando por este trance de la decepción:
 
Si la persona o situación que te ha causado decepción, te genera más dolor y sufrimiento que alegría y optimismo, Pregúntate:
¿Tu te mereces esto?.
 
Contéstate con honestidad y con justicia.
 
Juan Manuel Moreno Durán